VILLAHARTA

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Callejero de Villaharta

 

Esta localidad es de gran riqueza visual, no sólo para los habitantes, sino también para todos aquellos que nos visitan. Viniendo desde el sur (por la carretera Córdoba-Badajoz), Villaharta aparece ante los ojos del viajero como un hermoso paisaje blanco. A medida que el curvilíneo asfalto va buscando el sereno frescor del vallecillo, las casas de Villaharta van ocultándose tras los húmedos cerros como si trataran de jugar al escondite.
 

Callejero Villaharta

 Callejero de Villaharta

 

 Villaharta Núcleo Capitalino


   Situado en el centro del término municipal, desde la Cuesta de la Matanza (N-432) se ve anclado en la falda del cerro de la Solana, a 2 km del cruce N-432 con la CO-420. Su casco urbano, recortado sobre el citado Cerro de la Solana, es quebrado en dos mitades, de principio a fin, por la Avenida de Andalucía que a un lado y otro de su recorrido van surgiendo otras calles todas ellas pendientes y con las peculiaridades propias de la orografía serrana.

   En la mitad del trayecto de la Avda. Andalucía, se encuentra la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora Virgen de la Piedad, que data de 1828. Su interior aún de tradición barroca, es de nave única con nichales laterales de medio punto, cubriéndose toda ella con bóveda de medio cañón con lunetos. El neoclásico de la época se acusa mejor en la hermosa fachada de los pies, donde destaca en el típico ladrillo rojizo de la Sierra una portada con pilastras toscanas y frontón triangular taqueado.

   Frente a la parroquia nace la Calle Antonio Machado, sobre la que se desarrolla buena parte de la actividad comercial de la villa, aunque si bien hoy tiende a desplazarse hacia la Plaza de la Constitución. Más adelante, y también surgiendo a la Avda. Andalucía se encuentran las pintorescas Calles Real y Calvario.
Aprovechando los ensanches y las plazoletas del casco urbano surgen fuentes y pozos públicos por doquier (La Fragua, La Fuente, La Modesta, El Pilar, etc).

  La calle San Rafael enlaza con la de Antonio Machado, que asciende en dirección norte hasta la Parroquia de Nuestra Señora de la Piedad, iglesia del siglo XIX, perteneciente al periodo de vigencia del obispo Trevilla, que data exactamente de 1828. Su interior, aún de tradición barroca, es una nave única con nichos laterales de medio punto, cubriéndose toda ella con bóvedas de medio cañón con lunetos. El neoclásico de la época se acusa mejor en la hermosa fachada de los pies, donde destaca en el típico ladrillo rojizo de la Sierra, una portada con pilastras toscanas y frontón triangular taqueado. De su ornamentación destaca el retablo de la Virgen de Belén, procedente del cercano Monasterio de Pedrique y la imagen del Arcángel San Rafael, Patrón del Pueblo.

  En la calle Guadalquivir, el viajero se encuentra con una calle que se va ensanchando como un río hacia el oeste, escoltada en su orilla derecha por unos amplios y bien cuidados arriates de los que brotan algunos naranjos y geranios. Al final, Guadalquivir vuelve a estrecharse y toma la forma de un pequeño callejón que desemboca en unas verdes cercas. Desde aquí, podemos ver la calle Calvario, una poderosa pendiente de cemento, adornada a la izquierda por saludables escalerillas.

  Estas calles cobran un especial interés si son vistas durante la festividad del Corpus Christi, pues se convierten en espléndidas alfombras de flores, con colores alegres que dan vida a figuras que hacen alusión a esta festividad.